Una terrible premonición apuñalaba el corazón del Capitán Pirata, cuando solo veía la nada alrededor de ellos. La nefasta evidencia de la soledad, que presagiaba un crimen. Y ahí estaba uno de los suyos, con el rostro inexpresivo, incapaz de responderle. Solo una pregunta rondaba su mente: ¿Por qué habrían de sacarlo del camarote a esas horas? Por alguna razón no dejaba de pensar en Marianne allá sola, pero su mente aturdida no lograba discenir más allá de eso. Para el Capitán aquella cámara era un mayor tesoro que todo el oro oculto en las entrañas del barco, y no podía imaginarse que algo malo pudiera ocurrir allí. Sin embargo sus instintos eran como los de un demonio, y así sus grises ojos se clavaron en quien tenía allí enfrente, Frank Fontenay, su hombre de confianza, mientras que el metal frío de su espada se acercaba cada vez más al cuerpo de aquel pirata petrificado frente a él. -Dime algo, Frank, tu en realidad no viste nada ¿Verdad?- susurra con siniestr...
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