Capítulo 18- Con el hierro al cuello
Una terrible premonición apuñalaba el corazón del Capitán Pirata, cuando solo veía la nada alrededor de ellos.
La nefasta evidencia de la soledad, que presagiaba un crimen.
Y ahí estaba uno de los suyos, con el rostro inexpresivo, incapaz de responderle.
Solo una pregunta rondaba su mente:
¿Por qué habrían de sacarlo del camarote a esas horas?
Por alguna razón no dejaba de pensar en Marianne allá sola, pero su mente aturdida no lograba discenir más allá de eso.
Para el Capitán aquella cámara era un mayor tesoro que todo el oro oculto en las entrañas del barco, y no podía imaginarse que algo malo pudiera ocurrir allí.
Sin embargo sus instintos eran como los de un demonio, y así sus grises ojos se clavaron en quien tenía allí enfrente, Frank Fontenay, su hombre de confianza, mientras que el metal frío de su espada se acercaba cada vez más al cuerpo de aquel pirata petrificado frente a él.
-Dime algo, Frank, tu en realidad no viste nada ¿Verdad?- susurra con siniestra voz.
El francés estaba sin habla, porque el Capitán que se le enfrentaba en ese momento, era ese que muy fácilmente se confundía con el Diablo.
Los demás no comprendían lo que pasaba, y se quedaron mudos y perplejos ante una escena totalmente sorpresiva.
-Señor, no comprendo ¿De qué habla?- al fin, Fontenay mostraba una mueca. Estaba acorralado entre la espada y los muros de madera negra del barco.
-Que no viste nada, no viste a nadie cuando merodeabas la cámara del tesoro. Es mentira que te perseguían ¿No es así?-
La punta de la espada ahora se acercaba al cuello de Fontenay, el sudor frío del hombre casi rozando el acero.
-¿Cómo... puede dudar de lo que digo?- la voz entrecortada del pirata, era otra. Y nadie hacía nada por interrumpir al Capitán, las miradas eran todas de desconcierto y temor.
-Yo confiaba en ti, eres de mis mejores oficiales ¿Por qué? Lo veo en tu cara, la mentira- entonces un rayo fulminante parece atravesar al Capitán y su mente reacciona -¿A caso querían que dejara sola a mi esposa?-
Morgan y Aristiguieta sueltan una exclamación.
Totalmente incapaz de imaginar nada, el Capitán no reacciona, es Morgan quien rompe el silencio:
-Voy a ir al camarote. Capitán, voy a ir-
-Claro, tú tienes la llave- pero la determinación del Capitán era incontrolable, y solamente estaba enfocada en Fontenay, sin darle ningún chance de moverse- Tú, Frank, eres tú. El tesoro, es eso, es el tesoro-
Atrapado por un demonio, el francés no tenía manera alguna de escapar a ese juicio tan infernalmente certero. Porque muy bien podía creer engañar a Morgan, pero al Capitán ya era ser demasiado iluso, y pagaría muy caro por eso.
Estaba resignado, ya no había más nada que se pudiera hacer.
-Ya no eres quien eras. Yo intenté hacerte recapacitar, pero nunca vi esfuerzo más inútil. Yo te seguí desde el principio, y luché por once años bajo tu estandarte- entonces así como tenía otra voz, Fontenay también mostraba otro rostro- ¿Y ahora qué, Gabriel? Ahora nos mandas directo a las manos de la ley por una mujer-
-¡Traidor!- gritó Morgan.
-¡Al camarote, ahora!!- con una urgencia desesperada, el Capitán dejaba de lado al hombre que mantenía aprisionado, sintiendo que una horrible oscuridad cegaba todo su mundo.
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