Capítulo 16- Demonios disfrazados
Decían que las llaves del tesoro las tenían el Capitán, su lugarteniente y alguien más de mucha confianza.
Frank Fontenay era ese alguien más de mucha confianza.
Y esa noche caminando solo por entre las estrechas cámaras, estaba seguro de que alguien lo observaba, alguien o algo...
Se detuvo, y a lo lejos el viento parecía aullar presagios siniestros. Instintivamente se llevó la mano al cuello, en donde colgaba su cadena que llevaba la llave, y decidió darse la vuelta y salir a cubierta como fuera.
Y aquel trayecto que en realidad era tan corto, le pareció mortalmente largo, porque tenía la seguridad de que había algo en la oscuridad a punto de saltar de sobre él, en cualquier momento.
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-¿Qué pasa, Frank?-
Fontenay había tropezado bruscamente con una sombra en la oscuridad, e instintivamente su mano empuña su espada, a punto de desenvainarla. No veía más que una sombra, sin embargo la voz le era muy conocida.
Morgan bajaba por la escalinata de cubierta justo cuando el hombre llegaba apresurado desde las entrañas del barco.
-¿Jack?- todavía no se convencía de que pudiera confiar. Luego, con una ligera reminiscencia lunar, el rostro del viejo se aclara ante sus ojos cansados.
-¡Por la Virgen, Jack, me asustaste!- exclama. Luego lo empuja para que ambos terminaran de salir al aire fresco de la noche.
-¿Qué hacías allá abajo, demonio?- protestaba el viejo pirata -¿A caso andabas por donde creo que andabas? Sabes que al Capitán no le gusta que...-
-¡Calla!- Fontenay casi le pone la mano en la boca. No estaban solos, en el lugar los marinos que hacían guardia de noche deambulaban somnolientos, pero siempre curiosos, así que el francés empuja a Morgan hasta detrás de los aparejos.
Más allá de la borda, en la negrura del mar, las coronas de un grupo de ballenas rompían la superficie armoniosamente, pero para todos en el barco eran solo formas fantasmales.
Luego de cerciorarse de nadie mirada, al fin Fontenay dice:
-Me estaban persiguiendo, Jack-
Morgan comienza a mirar hacia todos lados.
-Eso que dices es muy serio- le comenta.
-Vaya que lo es, acabo de escapar de algo, maldito viejo-
-¿Estás seguro de lo que dices?-
El francés asiente, haciendo que la piel de Morgan se erizara.
-Frank, si me dijeras que lo que viste es el maldito demonio, no estaría tan asustado. Pero la señorita Perla libró al Capitán de su maldición-
-¡Yo sé que vi algo! ¡Cerca de la cámara!- insistía Fontenay.
-Lo que viste debió ser muy humano-
-Hombre, ¿te imaginas lo que eso significa? Escúchame Jack... Estoy seguro de que iban a atacarme, y me atrevo a asegurar de que su objetivo era el tesoro-
Aquellas palabras les heló la sangre a los dos, y estar en medio de un montón de sombras que iban y venían les brindaba la misma seguridad que estar flotando en medio de tiburones.
-Eres leal, Frank. Por eso te aconsejo, que seas leal al Capitán siempre, porque mucho me temo que de Santo Domingo no van a escapar quienes no lo sean-
Aquella conversación palidecía más al pirata, aunque no era algo que lo sorprendiera.
-¿Qué quieres decir? Habla claro- balbuceaba, indagando en los secretos que Morgan estaba a punto de contarle.
-Que el Capitán ya no quiere ser el Capitán-
Al ver el rostro de desconcierto del francés, Morgan continúa:
-Quiere volver a ser quien era, y vivir su vida, con ella-
-Muy bien, Jack, eso lo comprendo ¿Pero y eso qué significa para nosotros?- preguntaba con una voz que delataba su temor.
Morgan se encoge de hombros, y agrega:
-Solo sé leal, Frank. Es lo que te puedo decir-
Eran palabras muy desconcertantes, y dichas en el peor momento. Pero las sombras inquietaban a los hombres ocultos tras los aparejos.
-Si estás seguro de lo que dices, entonces debemos ir a ver, y hay que avisarle al Capitán sobre esto. Rápido, antes de que sea tarde- ordenó al fin Morgan.
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Últimamente el mejor lugar para mí era el camarote, como si volviera a ser una prisión, pero una prisión por mi propia escogencia. Porque yo no quería salir.
Porque yo todavía no estaba lista para luchar.
Morgan se había aparecido para comunicarle a Gabriel algo que le inquietaba, no sabíamos exactamente qué era, pero la preocupación en el rostro del viejo pirata era más que suficiente para hacer que se me helara la sangre.
La expresión de Gabriel no necesitaba palabras. Intercambió miradas con Morgan, como si ya estuvieran ambos esperando eso, y luego se dirige a mí severamente:
-Tengo que ir a ver-
-¿A dónde vas?-
-Ya sabes dónde- me recordaba la cámara que me había llevado a ver hacía poco, y hubiera querido que no fuera tal cosa- Y tú debes quedarte aquí, y no vas a salir hasta que yo regrese-
Obedecería, confiando en que no estuviera ocurriendo nada malo, sin embargo apretaba mucho sus manos y me costaba trabajo dejarlo ir.
Pero eso era solo momentáneo, porque mi lugar ahora era estar al lado de él, y si fuera necesario, para defenderlo ante cualquier cosa.
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