Capítulo 15- Fantasma
El Capitán se había puesto pálido... hipnotizado.
Fue como si hubiera viajado a otro lugar por un momento.
-Son de México, señor. Señor...Capitán- finalmente Ramirez identifica la nave, y lo hace reaccionar - Estamos en aguas centro americanas. Es normal encontrarse con estos barcos rumbo a Santo Domingo-
El hombre que veía no era Montenegro, eso era imposible. Pero su parecido le hizo recordar todo aquello, y la piel se le había puesto fría, y las manos sudorosas...
-Sí, es cierto- admite al fin, tomando un respiro otra vez.
Y yo, testigo muda ante todo eso, también encontraba un respiro.
-Ordena a los hombres que regresen a sus labores- el Capitán le dice a Fontenay- No los quiero en cubierta-
-¿Será prudente?-
-Dialogaremos, pero no bajen la guardia- y luego se dirige a mí- Quédate detrás de mí, Perla. Yo espero que no presten mucha atención a tu presencia-
Un barco que se aparece en medio del mar, podía ser algo bastante aterrador y las historias de Morgan estaban allí muy presentes en mi mente. Pero aquel barco era muy real y estaban allí muy vivos.
-Somos comerciantes, señor- el Capitán respondía a viva voz.
-¿Dónde está su estandarte?-
Pobres ingenuos, pensaba yo, callada. No había nada en el Venganza Negra que apoyara la teoría de que éramos comerciantes.
-No tenemos, señor, porque una tormenta arrancó la última bandera de su mástil- contestaba.
El hombre del otro barco no daba señales de estar muy convencido.
-Ustedes, señores, sigan su camino- les advertía el Capitán.
Saltaba a la vista que algo muy extraño encontraban los recién llegados, pero el otro capitán prefirió no seguir preguntando.
-Bien. Entonces, buen viaje- se despedía el hombre a quien el Capitán había confundido con otra persona.
-Buen viaje, capitán-
Y más rápido de lo imaginado, el barco visitante, que tal vez se había acercado buscando algo de conversación e intercambio social con el nuestro, pues alzaba las velas otra vez lo más rápido posible y gira el timón para alejarse de nosotros.
Sin chistar.
-¿Y si sospechan algo y dan alerta de nuestra presencia?- opinaba Clifford, parado al lado de nosotros.
-Es posible. Pero...- responde el Capitán, y atendiendo a la tripulación que regresaba a cubierta, desconcertada mientras veían al barco marcharse como si nada, agrega: - Los planes siguen siendo los mismos. Vamos a Santo Domingo, en donde haremos una parada y, nuevamente...-
Entonces Gabriel clavó sus ojos en los hombres a quienes yo les había señalado hacía poco:
-Les recuerdo que les estoy dando la oportunidad de buscarse otro camino, pues ya no tienen obligaciones conmigo-
Después de todo aquello el Capitán necesitaba más que nunca retirarse, pues aún tenía los recuerdos y las visiones muy claras en su mente.
-Ven, vámonos- yo le tomé de la mano, porque él no sabía qué hacer. Estaba nervioso, y divagaba. Era víctima de fantasmas y visiones, y me compadecí de él.
Nos fuimos lejos de los demás, dejando cubierta para adentrarnos por las escaleras hacia las entrañas del barco.
-Estás frío- le tocaba la frente, y lo tranquilizaba ahora que no había nadie viendo. Aunque yo no entendía por qué aquel barco lo había puesto así.
Temí que fuera otra vez el demonio, que esas fuerzas estuvieran otra vez amenazando ¡No lo iba a permitir!
Él se mostró muy frágil, y un beso apasionado nos unió y por un rato olvidamos todo.
---*---*---*---
Ahora él tenía otra cosa en mente, y seguimos bajando, cruzando hasta el centro mismo del barco, dejando a todo el mundo arriba lleno de preguntas. No sabía a dónde me llevaba, pero imaginaba que al fin el Capitán me acompañaba a las cámaras por donde supuestamente no se podía deambular.
Bajamos una rústica escalera, él primero, luego me espera. El aire se hacía muy cálido allá abajo, y la humedad y el salitre corroían sin piedad.
Llegamos hasta una trampilla muy bien oculta, que abría paso a otra cámara.
Gabriel tenía la llave de aquel lugar.
Cuando la abrió me di cuenta que era un depósito, y un depósito de cosas valiosas.
-Esto es nuestro tesoro- dijo en voz baja, con cierto apremio. Y con una antorcha iluminaba aquello.
-Tú... ¿De dónde sacaste todo esto? Son los botines ¿verdad?-
-El botín se divide entre toda la tripulación, y sí, en parte es botín, mi parte de los botines-
-¿Y lo demás? ¿Es algo tuyo, de antes?- indagaba impresionada.
-Montenegro me robó casi todo lo que en verdad era mío, mis riquezas, mi herencia-
No quería seguir preguntando de dónde procedía cada moneda o cada joya de aquel tesoro, porque sabía que algo así no se obtenía legalmente.
-Escucha- Gabriel me toma por los hombros -Esto es nuestro tesoro. Algo que debemos cuidar porque con esto, yo quiero y puedo darte una vida-
Mis ojos brillaron y sentí una fuerte opresión en mi pecho.
-Es nuestro, nuestra vida ¿Entendiste?-
Asentí.
-Así que sí, es muy posible. Pero... -
Se cortaron sus palabras y yo continué:
-Y otros saben de esto ¿Verdad?-
-Claro que lo saben, Marianne. Yo creo que casi todos en el barco saben de este tesoro, y eso es peligroso-
Sentí el aguijonazo de la angustia, porque eso significaba que había más que lo que yo creía.
Esas monedas, esas joyas, ese oro, que si bien era nuestro pasaje a la felicidad también era algo que podía ponernos balas en el pecho.
En los ojos de Gabriel había determinación de defender aquello a costa de lo que fuera.
Comentarios
Publicar un comentario