Capítulo 12- La maldición del oro

Más que una miserable paga era lo que albergaba la cámara secreta oculta bajo el Alcázar.
Una cámara bajo llave, cuyo único acceso lo tenían el lugarteniente y el primero a bordo, más el mismo capitán.
"El barco es propiedad del capitán al igual que el tesoro"
Pero eso era algo que no siempre se respetaba cuando se navegaba por las tierras de nadie: el océano.

Pero eso era algo que no siempre se respetaba cuando se navegaba por las tierras de nadie: el océano


El oro tenía poder, y poder de atracción
El oro tenía poder, y poder de atracción.
El oro llamaba, y despertaba la codicia.
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-Yo no quiero marcharme ¿Quién dijo que yo quería marcharme?- decía un pirata a viva voz -A caso alguien anda calumniando??-
-A mí no me mires, yo digo lo mismo- respondía su compañero.
-El Capitán está bajo un poder aún peor que el anterior- entonces intervenía el feroz mulato Enrique - El hechizo de una mujer. Es ella quien está manipulándolo-
-¿Entonces en verdad creen que todas nuestras desgracias tengan que ver con ella?- preguntaba Roy, un viejo marino sin visión.
-Las mujeres son el Diablo y ésa, es una hechicera, lo he visto- continuaba Enrique, quien no podía creer que la mujer se hubiera salvado de la caída al mar en plena noche. Sin duda que era una hechicera - Y tiene bajo su poder al Capitán, y así todos estamos perdidos-
-Hombres ignorantes- opinaba otro viejo marino sentado en un rincón, murmurando para sí mismo.
-Vienen disfrazadas de monjas, ésas son los peores demonios-
-¿Ahora qué?- se alarmaba otro marino.
-Pretenden despacharlos con una miserable paga y dejarnos así a merced de la ley-
-¡Traición!- exclamaban Tucker y Zachariah.
Ante esas chanzas que los piratas habían iniciado, los hombres murmuraban entre sí muy alarmados.
-Que Dios nos ampare-
-Hay que matar a la mujer para poder liberarnos de la maldición. ¡Para que el Capitán regrese a ser quien era! ¡Y tengamos más botines!!- opinaba Zachariah enérgicamente.
Muchos se dividían entre apoyar las ideas de Enrique y sus hombres, o tenerle miedo al Capitán.
-Ella me cuidó cuando estuve enfermo, de hecho a muchos- intervenía otro de los hombres, recordando a la señorita Perla -La mayoría en este barco estima a la señorita Perla y....-
-¿Y qué, imbécil?- lo atajaba Zachariah - ¿Tú también nos saldrás con eso de la tierna historia de amor?-
El hombre se encoge de hombros y se queda callado.
-Así obra el Diablo, en forma de mujer. Y ya hemos visto antes como el cornudo ha manipulado al Capitán, pero ahora ha cambiado de forma para ser algo mucho peor. el Diablo se disfrazó de la mujer para dominar al Capitán ¿Es que no lo ven? Miren lo que está pasando, somos nosotros los que pagamos las concecuencias-
Era demasiado inquietante, los hombres estaban todos asustados, porque abandonarlos en tierra significaba la muerte para todos.
Aquellos hombres abordaron el Venganza Negra para escapar de la horca, y ahora el Capitán los amenazaba con devolverlos a tierra.
-Mientras esa mujer viva, la maldición pesará sobre nosotros- sentenciaba la ronca voz del Halcón.
Y la concurrencia lo escuchaba pues no eran más que un grupo de miserables confabulados contra una mujer, y aquello solo podía terminar en muerte.

Y la concurrencia lo escuchaba pues no eran más que un grupo de miserables confabulados contra una mujer, y aquello solo podía terminar en muerte

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