Capítulo 11- Al filo de lo inminente

Abriéndose paso lentamente entre las aguas, el Venganza Negra seguía manteniendo su rumbo rordeste hacia la isla de Santo Domingo. Un aire suave impelía su quilla, de modo que sus altos y afilados mástiles se mecían suavemente con aquella lánguida brisa.
Y a la luz de la vela, el Capitán escribía en su escritorio, con dedicada y profunda emoción, después de que transcurriera otro día más en alta mar
-Sí, es algo apresurado - finalmente decía.
Yo no le había mencionado nada en todo el día, evadiendo mi responsabilidad. Pero aquella actitud cobarde no podía continuar.
-¿Cómo sabes que los hombres responderán a esa proclama?-
-Es una advertencia más que una proclama. Yo estoy cumpliendo mi palabra, Marianne. Te di mi palabra que obraría lo mejor que pudiera-
Detuvo su escritura, con aire pensativo.
-Y no es nada fácil- agregaba.
-Lo sé- confesaba mi completa comprensión.
-Estoy dando una oportunidad. Porque lo que debería hacer es cortarles el cuello y lanzarlos al mar-
Me quedé callada.
-¿Usted saben quiénes son los marinos descontentos?- hablé al fin, con un hilo de voz.
-Esperaba que tú me ayudaras con eso. Que pudieras contarme lo que ocurrió en verdad la otra noche, en el piso de los cañones-
-Entonces lo sabes-
-Sé que no resbalaste, Marianne. Y que estás muy asustada por algo-
Entonces noté decepción en su voz. La decepción de que yo no le hubiera dicho la verdad, y se me oprimió por completo el corazón.
-Tengo mucho miedo-
Él se compadece de mí y se acerca, se sienta a mi lado, junto a la ventana. Sus manos y las mías otra vez juntas.
-No puedo decirte los nombres de todos, solo escuché uno...- comencé a hablar, queriendo escupirlo todo, pero el miedo me lo impedía.
-¿Qué te hicieron??- su voz firme, al igual que sus manos. Estaba temiendo lo peor, entonces tenía que calmar su angustia:
-No me hicieron nada, gracias a Dios-
-¿Que no te hicieron nada y te caiste al mar??-
-Es muy difícil de explicar-
No hallaba la manera de decirle sin tener que recurrir a la expresión "me empujaron"
-Estaba muy oscuro, ellos estaban ebrios y yo me asusté mucho- entonces mis manos comezaban a temblar, inconscientemente recordando el horror de aquel momento.
-Nada de eso explica cómo llegaste allí y terminaste en el océano-
Pero él ya se lo imaginaba, y el dolor lo afligía demasiado. Entonces me abraza para tranquilizarme, porque yo no dejaba de temblar.
-Fui demasiado tonta, eso es todo-
-No, no lo fuiste. Y no tienes que recordar más eso. Pero sí debes decirme quiénes eran-
-No lo sé, nunca los había visto. Pero uno se llamaba "Tucker" y...y.... decían cosas horribles de ti-
Aquello era lo que tanto quería evitar. El Capitán suspira y luego susurra:
-¿Ah sí? Ya veo. Sé de quién hablas, y posiblemente sepa de los otros también-
Hubo un momento de terrible silencio, que él cortó luego:
-Te preocupa saber si lo que decían es verdad. Pues es verdad, de seguro que sí-
-Gabriel...-
-¿Te sorprende?-
-No- admití -¿Pero quiénes son ellos?-
-Unas alimañas malditas-
En la lejanía se escuchaban tenebrosos sonidos. Y la fría brisa marina me hizo estremecer. De repente me acordé, que era la hora de nuestros rezos.
Sentí la medalla del Sagrado Corazón sobre su pecho, como siempre, y eso me daba confianza.
-Pero debes decirme qué dijeron, porque tampoco voy a acreditarme cosas que no he hecho-
Y entonces vio que había lágrimas en mis mejillas.
Consternado sacó un pañuelo y me las secó.
-Estaba escribiendo la carta a mi madre, donde le cuento sobre ti- dijo con ojos soñadores- Y dime si tú quieres escribirle al convento ¿Te gustaría? Después de todo, creo que se portaron muy bien, y que te ayudaron mucho a ti. Yo tengo mucho que agradecerles-
-Sí, me gustaría escribirles. No me gustó haberme ido así sin decir palabras-
-Bueno, entonces no te preocupes-
-Sí me preocupo, por ti-
-Te voy a decir algo, mi amor. Cumpliré mi palabra, pero quiero vivir contigo en paz, y para eso lo más eficaz es cortar unos cuantos cuellos miserables, y arrojarlos al mar-
Me escandalicé por su dureza.
-Eres muy piadosa como para darte cuenta de eso. Entiendo, lo que tu Dios enseña. Pero prométeme tú qué no serás una mártir-
Después de eso me dió un beso en los labios, aún conforta dime entre sus brazos.
-¿Quisiera rezar? Bueno, recemos entonces-
Su temple y su serenidad me daban mucha seguridad y confianza.
No tenía miedo, no parecía preocuparle mi revelación. Como si supiera lo que había que hacer.
Pero eso era precisamente lo que más angustiaba mi alma.

En ese momento, sabía igual que él, que quería vivir en paz, costara lo que costara
En ese momento, sabía igual que él, que quería vivir en paz, costara lo que costara.
El escribir aquellas cartas, el aire soñador en su mirada, la posibilidad de un futuro, eso era algo que me daba fuerzas. Y en los últimos días me había dado cuenta, aún más que en las veces anteriores, que Gabriel conocía mucho más de la realidad del mundo.
Haría lo que fuera por lograr una vida a su lado, estaba segura de eso, "costara lo que costara"
Aunque sintiera que con esos sentimientos estaba traicionando a Dios.

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