Capítulo 1- Confabulaciones

Los piratas se apurruñaban por los rincones del barco, y tres de ellos discutían mientras que otros tres permanecían neutrales.
Las discusiones eran frecuentes, en especial después de salir de Cuba.
-Es la ley, solo digo eso- gruñía un hombre de piel oscura y espesa barba -La palabra del capitán Bartolomeo Roberts- concluyó con ceremonia.
-Parece que no entendiste que aquí tenemos nuestra propia ley. La ley que impuso el Capitán- le aclaraba otro pirata, de igual tono de piel pero de más edad.
-¡Entonces, solo el Capitán puede tener mujer! El resto de nosotros sería colgado si trae a una mujer a bordo ¿No es así?- se acaloraba.
-Claro, las mujeres que tú traerías de seguro que te llevarían derechito a colgar del mástil mayor, Enrique- el tercer pirata bromeaba. Pero a Enrique no le hacía eso gracia.
-Algún día te vamos a despellejar, maldito estúpido - lo amenazaba Enrique Ojo de Halcón.
-El Capitán es muy generoso con nosotros. Y nos lleva a tierra justo en el momento. ¿A caso no fueron los días en Cuba los mejores días de nuestras vidas? Entonces dime ¿Por qué quieres más, mulato?- intervenía otra vez el segundo pirata.
-Fueron mucho mejores días para el Capitán, y la monjita- se miraba Enrique.
-Esa monjita es La Señora. La esposa del Capitán- lo atajaba con severidad Zachariah, el segundo pirata - Que él no te oiga hablar así-
-No me digas- se mofaba de él ahora -Zachariah no suenas como la otra noche. Yo sé que tú tampoco estás de acuerdo-
-Estoy de acuerdo con que tengamos nuestro botín. Y el Capitán siempre cumple-
-¿Y crees que cumplirá ahora que todo ha cambiado por la monja? ¿Que nada de esto es más lo que era? Insensato, estás más ciego que Roy-
Zachariah se quedaba callado. Los demás piratas quedaban expectantes.
El bromista, Jimmy, tenía en la punta de la lengua otro chiste pero se calló para salvar su cuello.
-Ahh ya los veo. Ahora somos simples marinos ¿A caso les ha dicho el Capitán lo que haremos ahora que es un hombre casado y feliz?-
-Tú eres un novato, Enrique. El Capitán fue un hombre casado antes también, y eso no...-
-Claro, por eso todo siempre ha marchado tan maravillosamente bien. Porque el Capitán maldijo este barco con una primera mujer ¡La mala suerte!!-
-Baja la voz- le ordenaba un cuarto pirata.
-Bueno, soy el único con las bolas para hablar- Enrique le clavaba la mirada, desafiante.
Era un mulato terrible, nativo de algún lugar de las Américas aunque nadie sabía su nacionalidad.
Aquél, y los otros del grupo, Zachariah Long, James Jimmy Robbins, Pancho José El Azteca, Tucker y Robert Boyd eran los piratas a quienes el Capitán mantenía especialmente vigilados.
Aquellos a quienes se les mantuvo alejados mientras llevaban a bordo a Ana y a la señorita Perla.
Se suponía que no debían saber eso. Porque si se enteraban, era algo muy peligroso.
Pero Morgan no estaba al tanto de aquellas reuniones.
Sin embargo, estaba en los planes del Capitán hacer algo con aquellos hombres. Reordenar toda la tripulación...
Porque él sabía, estaba muy al tanto de lo que tenían él y su Perla enfrente en su camino.

Porque él sabía, estaba muy al tanto de lo que tenían él y su Perla enfrente en su camino
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Había un aire de descontento por la presencia de una mujer a bordo, que no fuera exactamente rehén.
Y aquella mujer que ahora se les presentaba, era una mujer que los intimidada demasiado, porque el Capitán exigía respeto hacia ella y era como una igual.
Autoritaria, arrogante y poderosa.
No era lo mismo en definitiva, una rehén, a una mujer con poder.
Y aquello era veneno para algunos de los hombres de la tripulación, y del mundo.

Y aquello era veneno para algunos de los hombres de la tripulación, y del mundo

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